Es una finca preciosa por la que damos gracias todos los días.
Ocho hectáreas en las que se ubican varios edificios construidos con técnicas de bioconstrucción; materiales naturales y el aprovechamiento de la energía solar pasiva, en esa máxima de hacer de los edificios una tercera piel que transpire y done salud a nosotros y al medioambiente. La oficina es un edificio de 80 metros cuadrados, semienterrados, con su track por satélite, tecnología que nos permite estar globalmente conectados y con la tradicional parra que da sombra en verano y buen mosto en otoño. Unas placas de energía solar suministran todas nuestras necesidades energéticas. Varios manantiales nos proveen de agua pura y constante. Tenemos un olivar en ecológico de unos 500 pies de manzanilla cacereña que “apañamos” a mano en noviembre, para proveernos de aceite de primera prensión en frío, en una almazara ecológica de la zona. Hemos plantado frutales de distintas clases que compartimos con las de aves de la zona. Un bosque de roble, fresnos y castaños, que con el tradicional clareo nos provee de leña. Gallinas, huerta en ecológico y ovejas merinas completan el cuadro de la finca de Sálama.
No podemos imaginar un mejor lugar para comunicar la importancia de un pacto sereno y de respeto mutuo con la Naturaleza, que desde una oficina en medio de unos bancales de olivos, por donde aún planean águilas reales, serpentean todo tipo de culebras y las nutrias aún viven en los arroyos.
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